Tras un reciente fallo de la Corte Suprema que dejó sin efecto la obligación de usar los prefijos 600 y 809 para identificar llamadas comerciales, expertos advierten que no se trata de un retroceso, sino de una oportunidad y un desafío para modernizar las herramientas contra el spam telefónico, sin perder el foco en la protección de los consumidores.
El debate sobre las llamadas comerciales y el spam telefónico volvió a instalarse luego de que se dejara sin efecto la obligación de utilizar estos prefijos, medida que había sido implementada para combatir las llamadas masivas no deseadas.
El sistema de prefijos permitía que las personas reconocieran de inmediato el tipo de llamada antes de contestar, facilitando decisiones informadas y reduciendo riesgos de fraude: el 600 para llamadas solicitadas por el usuario y el 809 para campañas masivas no solicitadas.
Sin embargo, la Corte Suprema determinó que imponer estos prefijos en llamadas de cobranza extrajudicial excedía las competencias de la autoridad regulatoria, ya que la gestión de cobranza no es un servicio complementario, sino la extensión de un servicio ya contratado.
Este fallo abre un nuevo debate sobre cómo equilibrar la protección de los usuarios con la evolución tecnológica de las comunicaciones.
Desde la perspectiva de los usuarios, la eliminación de estos identificadores podría generar preocupación. Existe el temor de que se perciba un retroceso hacia escenarios de acoso telefónico. Sin embargo, es importante aclarar que el cambio se refiere únicamente a llamadas de cobranza, no a las comerciales masivas.
El foco del debate debería ampliarse hacia soluciones más modernas y tecnológicas. Más que discutir si el prefijo sirve o no, la conversación debería centrarse en cómo las regulaciones pueden evolucionar junto con la tecnología, sin perder de vista la protección de las personas y sus datos.
El crecimiento del spam telefónico y de los fraudes asociados obliga a avanzar hacia mecanismos más sofisticados de control y verificación, como la autenticación de llamadas, la trazabilidad de comunicaciones y sistemas inteligentes de detección de spam.
Hoy el desafío no es solo identificar una llamada comercial, sino validar su origen, saber quién está detrás de la comunicación y asegurar que los datos de las personas estén protegidos. Se trata de permitir que las personas reciban ofertas comerciales bajo un escenario seguro y controlado.
Cuando existe transparencia en las llamadas y reglas claras para todos, se protege a los usuarios y se fortalece la confianza en el sistema de comunicaciones, sin comprometer el derecho a recibir información de manera responsable.
Pamela Troncoso Mujica





