Señor Director:
Cada día aumenta la decepción que sentimos por muchos políticos —y aclaro, no por la política en sí, que es una herramienta noble— sino por quienes la han convertido en una plataforma de promoción personal. En tiempos electorales, algunos parlamentarios parecen despertar de su letargo, llenando espacios en los medios con declaraciones rimbombantes o protagonizando actos diseñados para llamar la atención de los futuros votantes.
Reconozco que existen parlamentarios(as) respetables que hacen bien su labor, pero también hay otros —y muy especialmente en nuestra zona— que generan vergüenza e indignación. Es el caso del diputado Gaspar Rivas, cuya ausencia en los territorios es notoria y preocupante. Vive más en el éter del poder que en la realidad de quienes lo eligieron.
A él se suma otro que merece ser “destacado”: el diputado Nelson Venegas, quien con cada elección en el horizonte, reaparece en cuanto medio de comunicación existe, utilizando causas sensibles como las alzas de peajes, la lucha por la Región de Aconcagua o la crisis hídrica, no con fines legislativos, sino como plataforma de campaña. Así llegó al Parlamento.
Hoy, ante la subida en las tarifas eléctricas, repite la fórmula: apariciones mediáticas, marchas y reuniones, todo muy visible, pero con escaso o nulo resultado concreto en lo legislativo. Señor Venegas: no le pagamos para animar matinales ni para hacer performance política. Le pagamos para legislar, para presentar propuestas que resuelvan los múltiples problemas que enfrentamos los ciudadanos. Lo urgente no es más «show», sino leyes, consensos y trabajo serio en el Congreso.
Política basura daña la fe pública. Y aunque parece que este estilo le rinde frutos, hay algo que no ha logrado resolver: sus famosas recetas para adelgazar… esas, al parecer, no le funcionan.
Atentamente,
MARCOS ROBLES GONZALES
PROFESOR





