Señor Director:
En los últimos días me ha correspondido acudir en reiteradas ocasiones al hospital y a otros centros de salud acompañando a un adulto mayor. En medio de esas visitas vino a mi memoria una imagen que hace algunos años era habitual en estos recintos: el afiche de una enfermera llevando su dedo a los labios, invitando al silencio. Bastaba esa señal para que todos comprendiéramos que estábamos en un lugar donde el respeto y la tranquilidad eran parte fundamental para la recuperación de los pacientes.
Hoy la realidad es muy distinta. Resulta impactante el nivel de ruido que existe en salas de espera y pasillos. Conversaciones a viva voz, personas hablando por teléfono sin ninguna consideración por quienes están alrededor e incluso reproduciendo videos en redes sociales con volumen alto, generan un ambiente que lejos de contribuir al descanso provoca estrés y malestar.
No se trata solo de una norma de comportamiento, sino de empatía con quienes sufren, con los adultos mayores, con los niños y con los propios funcionarios de la salud que desempeñan su labor en condiciones ya exigentes. Llama la atención que esta situación se haya normalizado y que no existan campañas visibles que promuevan el respeto por el silencio en estos espacios.
Pequeños gestos hablan de la calidad de vida y del tipo de sociedad que estamos construyendo. Recuperar el valor del respeto en lugares tan sensibles como los centros de salud es una tarea que nos involucra a todos y que, sin duda, merece una profunda reflexión.
Atentamente,
Una auditora





