Señor Director:
Con pesar deseo manifestar una situación que, a mi juicio, representa un retroceso en materia de transporte para los habitantes de San Felipe. Durante el día de ayer fui pasajero del último servicio brindado por la empresa FLIXBUS, cuya plataforma operaba en nuestra comuna desde aproximadamente un año y que ofrecía una alternativa moderna, accesible y más sostenible para quienes viajamos con frecuencia a Santiago.
Mientras en muchas regiones del país —y en buena parte del mundo— se potencia el transporte eléctrico como una manera concreta de avanzar hacia sistemas más limpios y eficientes, en nuestra zona pareciera prevalecer un conflicto de intereses que termina favoreciendo únicamente a sectores ligados al combustible fósil. Una vez más, los habitantes de San Felipe quedamos desestimados ante decisiones que afectan directamente nuestra movilidad y calidad de vida.
Llevo dos años radicado en el Valle de Aconcagua. Aunque soy santiaguino de origen, tengo un profundo cariño por esta ciudad y sus comunas vecinas. En mi juventud, como estudiante, trabajé en temporadas de verano por estos lados, disfrutando de su gente y sus bondades. Más tarde, como vendedor viajero, mantuve relaciones comerciales y de amistad con personajes casi legendarios del casco histórico sanfelipeño, un lugar cuyo mercado —pese al paso del tiempo— aún conserva su dignidad. También fui parte de esa vida comunitaria que se reunía en el estadio de avenida Maipú y bajo la sombra de los bandejones en días de calor, cuando el centro era un núcleo vibrante de comercio y convivencia.
Retomando el tema del transporte, considero que la decisión de retirar a FLIXBUS del circuito local es perjudicial para los usuarios. Incluso con su baja frecuencia, la empresa cumplía un rol fundamental en horarios punta, con un servicio rápido, seguro, accesible, menos contaminante y, lo más relevante para quienes vivimos de manera austera: económico. En contraste, las empresas tradicionales del terminal —que por años no han invertido un peso en su deteriorada infraestructura— en ocasiones duplican el valor de un pasaje, afectando especialmente a jubilados, trabajadores y estudiantes.
Surge entonces una pregunta inevitable: ¿Por qué esta situación no ocurrió en la ruta Santiago–Los Andes? ¿Qué criterios o intereses operan para que nuestra ciudad quede, una vez más, relegada?
Agradezco a usted y a su equipo, siempre comprometido con la identidad y realidad de esta histórica y hermosa geografía.
P.D. Permítame una reflexión cultural: mientras la Gran Muralla China permanece en pie desde hace miles de años, en nuestra cultura occidental las Torres Gemelas sobreviven solo como un recuerdo trágico iluminado artificialmente. Una analogía amarga sobre lo que construimos… y lo que dejamos caer.
Atentamente,





