
La democracia tiene reglas. Y dentro de esas reglas, las campañas políticas son parte del juego. Los candidatos recorren ciudades, se sacan fotos, abrazan a los vecinos, escuchan sus problemas, prometen soluciones. Todo eso es legítimo.
Pero lo que ocurrió en San Felipe durante la visita de la candidata Carolina Tohá, postulante a las primarias del oficialismo, no es política. Es oportunismo. Es un acto de profundo mal gusto y una falta total de ética.
En una ciudad golpeada por la desigualdad, con familias que apenas llegan a fin de mes, donde las ollas comunes no son una elección sino una necesidad, ¿qué mensaje se entrega cuando una candidata llega a una de ellas con un séquito de operadores políticos, fotógrafos y autoridades que jamás se habían aparecido por el lugar? ¿Qué dignidad se respeta cuando el hambre se convierte en escenografía de campaña?
Las ollas comunes nacen del dolor. Del abandono. De una realidad que el Estado no quiere ver. Son el grito desesperado de quienes han sido excluidos por un sistema que no ofrece oportunidades ni soluciones. Y en vez de venir a escuchar, a construir propuestas reales, se optó por hacer un show. Un acto político disfrazado de solidaridad. Y eso, simplemente, no se puede permitir.
El diputado Nelson Venegas, ausente por años en esta ciudad, apareció de la nada, cuchara en mano, como si ese gesto bastara para limpiar su abandono. ¿Dónde estaba antes? ¿Dónde estaban todos ellos cuando estas mismas familias luchaban por sobrevivir sin ayuda del Estado?
Y lo más preocupante: ¿cómo es posible que la exministra y candidata Carolina Tohá permitiera esta puesta en escena tan burda como ofensiva? ¿Nadie en su equipo tuvo la decencia de advertir que eso no se hace? ¿Nadie pensó en la dignidad de las personas que comen ahí por necesidad y no para posar en una foto?
No es la primera vez que lo vemos. Son los mismos de siempre. Rostros históricos del Partido Socialista en San Felipe. Los que usaron antes a la comunidad LGBTIQ+ como bandera de campaña y después les dieron la espalda. Hoy es el hambre. Mañana será otra causa, otra consigna. Porque no hay compromiso real, solo cálculo electoral.
Pero la gente ya no es tonta. El pueblo tiene memoria. Y también tiene dignidad.
Desde PRELUDIO, decimos con claridad: ¡basta ya de usar la pobreza como herramienta de campaña!
La necesidad de nuestro pueblo no es una oportunidad para ganar votos.
San Felipe merece respeto. Merece dignidad. Merece políticas reales, no teatro barato.
Que lo escuchen bien: el hambre no es un acto político, es una tragedia. Y quien la utiliza, no merece gobernar.
JULIO HARDOY BAYLAUCQ
COMUNICADOR AUDIOVISUAL
DIRECTOR RESPONSABLE






Absolutamente de acuerdo Julio. La izquierda haciendo show con lo mismo que han profundizado estos años de gobierno comunista, !!indignante como se rien del pueblo!!
ella cree sus mentiras si no logro hacer nada como ministra y hoy se cree la salvadora de Chile,